Blog de experiencias cotidianas. Te hablaré de libros, de cine, amor y desamor. Te hablaré de lo que hablamos todos.
Entradas populares
-
Al menos en México, existen ciertos lugares desolados y perdidos en el olvido. No son precisamente callejones oscuros o sendas abandonadas...
-
Sobre mi cara, la fuerza del viento. Yo miro al mar. Y tú me miras. Esperas que te diga si al fin voy a quererte. Si lo que me dice el vi...
-
Este viento de marzo siempre se presenta con un matiz de incertidumbre, no sabes si viene frío, no sabes si será cálido, pero te moverá el c...
-
Usé demasiado la memoria. Me la gasté de tanto recordarte, que fui a dar a una caja de cacharros obsoletos. Vacía y sola me encontré con otr...
-
Un manejo aceptable de los hechos, sería que me dijeras que te vas y yo te diera la bendición en la ventana, después de haber brindado por u...
-
Ni reír, ni escapar con un ojo en la nube por la lluvia que no cae y el otro que se cierra por el sol que lo vislumbra sólo un hombro me ...
-
Desde un sueño, sentados en la fila veinte de un cine, tú con un suéter negro con cuello de tortuga y yo como siempre preocupada por saber c...
-
Fragmentos quebrados, la tristeza no tiene tiempo, sin embargo el futuro debe aguardar con esperanzaLa línea de la vida en una mano, lleva impresa diminutas ramas con invisibles huellas de decepciones. Cada huella es un fragmento quebrado, ...
-
-La idea romántica de las almas gemelas me parece ridícula, dijo ella evadiendo sus ojos. Mientras él, con una mirada más dulce no dejaba de...
-
Puede ser la resaca de las vacaciones, la depresión post-navidad, la cuesta de enero, el invierno, o lo que te guste menos, pero por lo pron...
domingo, octubre 30, 2016
La noche más larga de mi vida
Esa noche fue la más larga de su vida. Estaba sola, con su vieja lámpara encendida. Y quién soy yo para estar atento desde la calle, nadie. Pero estaba ahí, aguardado por una señal, una mirada, un señuelo imaginario que nunca hubo. Siempre me gustó mirar ventanas. Me acuerdo de aquel viaje a Nueva York. Aquellos imponentes edificios en la zona de Manhattan, cientos de ventanas como cuadros conceptuales de otras vidas, tan distantes y ajenas a la mía, yo un simple mortal caminando por la calle, con un viejo abrigo negro, queriendo ser uno de ellos, un actor que sale a escena y se aparece, para mirar hacia abajo y encontrar al espectador que le observa, y sonreír, sonreír como si la vida estuviera realizada, resuelta, perfecta. Ese era yo. Pero debo regresar a aquella noche, a la noche mas larga de su vida. No sé cómo, pero sé que ella lloraba, que tenía todo el destino en su contra. Un abandono, tanto de él como de ella misma. Veinte kilos de sobrepeso, ansiedad en cada respiro y todas las razones para no desear vivir. Y sin embargo, no tomó una de esas decisiones repentinas y si la hubiera tomado, no sé como pero yo me hubiera dado cuenta y entonces hubiera acudido. Pero no, esa noche permaneció en vela, a ratos escribiendo y en otros golpeando sus puños contra la mesa, desesperada, convertida en lágrimas, hecha un olvido. Más no para mí. Yo seguí ahí. Un policía pasó, me miró con recelo, entonces caminé cómo encontrando mi rumbo, para luego regresar, volver a mirar y a esperar por ella. Lo cierto es que esa noche nada para mí sucedería y todo para ella cambiaría. Cuando amaneció, salió vestida de negro, pálida, con un pensamiento que no pude leer, y eso que yo, no sé cómo pero lo sabía todo sobre ella. Esa mañana, dejó de tomar café, dejó el cigarro y la risa. Se concentró en comprar flores, en beber agua, como si ella también fuera una flor, que de una vez marchita quisiera levantarse, como una flor imposible, buscando en el agua la esperanza. Flor que al día siguiente salió, con la cara menos pálida, aún vestida de negro, con un detalle tan revelador y tan leve, en su cuello había un botón rojo, un mínimo objeto, grandioso para mí. Todos esos días la miré salir, la miré llegar. Ella sabía que la observaba, no me dio ni la mínima señal para acercarme. Me limité a estar ahí, presente, como para el día que ella estuviera lista a dirigirme una mirada. Dejé de trabajar, también de comer. Sólo por mirarla. Sólo por saberla viva, intentando cambiar. Después de más de cien días, no sé cómo, ella había cambiado de color, de piel, de luz. Estaba delgada, rubia, con más canas que ayer, pero hermosa. Yo más flaco y más abandonado de mí por verla a ella. Una tarde de regreso a su ventana, paso cerca, me miró, no dijo nada. No sé cómo pero eso fue todo para mí. Regresé a mi estudio, le escribí una carta y volví a mi acera acostumbrada. A mirar otra vez. Esa noche también fue la mas larga de mi vida. En medio de la mesa, que formaba parte de aquel cuadro conceptual, apareció en el jarrón una rosa roja solitaria. Luego como actriz, apareció llena de color, llena de vida. Sonrió hacia mí por un instante y despareció de mi vista. Entonces tuve el valor de subir y dejar mi carta por debajo de su puerta. Me marché y esa fue la noche más larga de mi vida. Jamás volví a verla.
Volví de la caída, mírame entera
No hay pasado que impida reinventarme
No hay futuro que lo declare imposible
Hay segundos transformados en quimeras
Y hay quimeras liberando lo indecible
Soy ruta transitada ya por tantos
donde dejo vestigios y hojas secas
soy luz anaranjada, soy quebranto
volví de la caída, mírame entera
martes, octubre 25, 2016
Cerca, lejos, dentro y fuera de mi memoria
En el pasado, tuve cerca un espejo de mar y muchos domingos de cielo y de tierra. Luego mi vida estuvo rodeada de montañas, azules y grises, serenas y mutiladas. Hoy mi presente es desierto, calma cuando hay oscuridad, una estrella entre otros brillos, una que brilla más. En mi futuro no hay raíz, he vivido en lugares tan distantes dentro y fuera de mi memoria, que no hay algo que espere que no sea, que mi estrella entre otros brillos, siga brillando más.
lunes, octubre 10, 2016
Destiempo
Un lapso
Hojas caídas
Último sol
La vida se mueve
Y yo me detengo
El pecho obedece a un extravío
Me cuesta respirar
Me acuso de morir
Sólo un lapso
La crónica inventada de este caos
Que acontece y se empodera
Sólo un lapso
Con el que me han dicho no se lucha
Se deja pasar y ya
Pero el que pase primero ganará
Suscribirse a:
Comentarios (Atom)