Sería menos complicado ser flor artificial
Segura, sobre una base casual, sin necesidad de cuidado
Dispuesta, luciendo su mejor color
Iluminada, con el mejor resplandor que la vuelve deseada y atrayente
Los días con ella pueden durar años
De citas ocasionales
Que provoquen la pasión
Y una pertenencia a un placer prohibido
Como la posesión de algo especial y excitante
Menos complicado que la naturaleza de una flor
Sometida al breve tiempo que dura el amor
Con un hermoso tallo que los días envejecieron
Cuyos pétalos no aseguraron el futuro
De un color que se tornó aburrido
Que dependió del agua
Del aire
De ti
Me cambiaste por la flor artificial
Que promete más vida
De cartón con tela, pero así es tu vida
Recreada, con falsas puertas al destino
Admirando las falsas miradas con pestañas postizas, sobrepuestas
Elegiste el artificio
A un amor y una piel natural que al final se marchitó
Que hace tiempo colocaste en el bote de basura
Blog de experiencias cotidianas. Te hablaré de libros, de cine, amor y desamor. Te hablaré de lo que hablamos todos.
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viernes, diciembre 07, 2018
Un corazón se rompe en cinco partes
Existimos seres devastados mas de una vez y no por eso somos víctimas. Aunque el enemigo suele llamarnos así para denostar más nuestro entorno destruido, con más disparos de culpa, con frases que acusan egoísmo. Creyendo que así nos costará mas trabajo, o que será casi imposible volver a estar de pie. Un corazón se rompe en cinco partes. O en cinco años. O en cinco días. Las cinco partes caen al piso y en ese momento todos los episodios vividos con esa persona, se alejan por kilómetros de la realidad. No sabes discernir lo que pasó. Lo tienes que creer porque tu corazón está en el piso, roto, mutilado pero no falta el cómo fue posible que se presenta en la cena. El que te hace dudar aunque la realidad está frente a tus ojos.
Un corazón se rompe en cinco partes.
1. El trato. Tantas veces lo discutiste, la resistencia por decir no me trates más así, no quiero esto para mi vida, te convierte en loco, porque aparentemente nadie te trata mal, todo está en tu cabeza y es tu interpretación, porque no sabes discutir, porque tu inmadurez no te permite solucionar el tema sabiamente. Esta parte del corazón que suele ser la izquierda superior, es la primera que advierte una fractura, pero le pones banditas pensando que sí, debes estar loco y que el daño te lo causas tú solo.
2. El engaño. Te han engañado y te sientes la persona mas estúpida del mundo. No hay manera de no sentirlo, pero sí de convertir tu estupidez en fuerza y hacerte cargo de ti mismo para no volver a pasar por la misma situación. Esta parte es la superior derecha, cae en segundo y es uno de los lados que mas pesa.
3. La prioridad. Estuviste en el lugar número tres, cinco, veinte. Y no quisiste verlo. O tal vez lo viste, lo discutiste y nada cambió. Cuando ves que nada cambia la parte inferior izquierda se rompe por completo y lejos de ser una tragedia, podría ser tu propia liberación.
4. El descaro. La situación fue más allá de una traición, careció de los valores más básicos, las personas que lo provocaron no tienen idea de lo que es la integridad, para ellos lo que sucede es porque tendría que pasar, porque hay fuerzas arrebatadoras, destinos desmedidos. Nada de eso puede justificar que la parte inferior y central del corazón se desplome.
5. La indiferencia. Porque es fácil evadir. Porque es más cómodo no mirar al que está al lado sufriendo, ofreciendo hasta el fin el poco corazón destruido que le queda y recibir a cambio mensajes sin contestar, ausencias permanentes, juicios insanos. La parte inferior derecha del corazón es la última en caer porque se mantiene como soldado hasta el final en una guerra tan sucia como el alma de tu enemigo.
Si tu corazón se ha roto en cinco partes, levántalo del suelo, abrázalo y sal de ahí con dignidad. Busca otro lugar para reconstruirlo. Una voz interior estará diciéndote todo lo malo que has hecho, pero es sólo el eco de los cinco años, que se fueron al caer el último pedazo.
jueves, diciembre 06, 2018
Para el que se siente el mas común de los lugares
Brillar. Sobre un fondo azul un vestido dorado, como la Torre Eiffel que no pretende, sólo brilla. A pesar de los años, de tantas miradas, de todas las fotos y las postales. De tantos recorridos por su estructura que habría quien se la supiera de memoria. Ya podría ser un lugar común a fuerza de su presencia. Y no lo es. En cada mañana hay unos ojos nuevos que desean conocerla. Un deseo que nace para volver a encontrarla. El asombro de una mirada ante una nueva perspectiva. La emoción por una nueva reconquista. Y con muchos años menos, el que se siente el mas común de los lugares, podría advertir que no es el lugar ni la presencia. Es la luz que se pierde y que se apaga, por tantas inconsistencias, propias y ajenas. Quizá para el que se siente el mas común de los lugares, una foto o el recuerdo de la Torre, pudiera inspirar que el deseo, el asombro, la emoción, la perspectiva, siempre regresan y traen consigo el dejar de creer que somos predecibles o comunes. Porque sí, somos el lugar y la presencia. Sobre un fondo azul, mi propia luz.
miércoles, diciembre 05, 2018
¿Hay alguien más aquí que no le guste...?
¿Hay alguien más aquí que no le guste diciembre y la navidad? Cada vez que una canción me lo recuerda siento un hoyo en la panza, una ansiedad o quizá una negación. Tendría que ir al psicoanálisis para poder entender por qué la navidad me causa tantos problemas, me parece un túnel negro que cada año debo traspasar. Y con la edad esto ha sido más difícil. Porque no me siento ni creo tener el derecho de contagiar mi delirio hacia terceros. Cada quien es responsable de sus hoyos en la panza. Será que tiene que ver con una proyección de ver en los demás lo que yo no tengo, o cómo funcionan las proyecciones, que alguien me diga porque ni siquiera de eso estoy segura. Lo cierto es que por lo menos en México, todo el mundo inventa pretextos para reunirse, beber, comer, fumar. Hacerse regalos, bailar cualquier tontería, léase que en la mayoría de los casos es reggaeton. Y yo no soy eso. Soy tan tremedamente aburrida, que a lo mucho me fumo un cigarro, me bebo una copa y a la mañana siguiente una migraña me recuerda mi ñoñez. Tal vez sea eso. Que no encajo. O lo peor que no soy capaz de vivirlo. Siempre que regreso de una reunión, posada o juntadita la mayoría de las veces lo hago sola, con frío y un montón de sombras, que me acechan la cabeza sobre lo que dije, lo que no dije, lo que pude haber dicho mejor. El tráfico, los regalos, las luces en la calle, todo se convierte en una experiencia necesaria. Pero no feliz. Esta vez no será mejor. Y no habla la pesimista en mi piel. Sólo un rayo de sinceridad de luna, de esos que casi no ocurren en diciembre (o en ningún mes), o una persona de esas que casi no hay, de las que no mienten, me podrían convencer de lo contrario. Creo que lo mas seguro es que me dijeran, (tal vez estoy sesgada por las palabras de alguien) ya cambia, te lo pierdes, allá tú y tus ideas, ve al psicólogo, estás loca. Pero si yo solo quiero traspasar el túnel sin focos, sin villancicos, sin palabras. Y que en silencio ese alguien me abrazara y en su pecho sintiera que su corazón puede ser el refugio de esta temporada.
viernes, noviembre 30, 2018
Cuánto
Como luz intermitente, me adecué a tu sombra. Mas apagada que encendida, invisiblemente conectada a tu reacción. A miradas, palabras, desconciertos. Más veces me fui apagando. Y en mi oscuridad me comí un montón de dudas, a pasos despacio, agregando centímetros a mi soledad, quitando palabras, borrando las formas. Acumulo el frío porque aunque nunca tuve tus manos, las imaginaba como mías. Contemplo el vacío, porque aunque no me abrazaste me sentí feliz de que estuvieras, sin mirarme, sin tocarme, sin vivirme. Cuánta humillación invisible. Cuánto tiempo perdido para un amor que desapareció sin que me diera cuenta.
miércoles, noviembre 28, 2018
Nueve veces el amor
Nueve veces el amor.
La primera es el encuentro. Se convierte en la mejor escena de ese libro de tu vida, al releerse dispara dopamina. Recuerdo y deseo. Carne y esencia. La mezcla de todos los momentos imposibles. Por fin usas esa fuente que rescatas del cuarto de cacharros, con emoción colocas al lado izquierdo del pecho para que no deje de inundar tu corazón de tantas luces recién encendidas.
La segunda, una especie de llegada. Pisar la tierra. Sentir el frío y saber que los brazos tuyos y del otro necesitan las cuatro paredes de un castillo. Refugiar al amor. Alimentarlo. Como al niño pequeño que llega también sin esperarlo.
La tercera, el común compartido. El pan y las palabras. El desvelo deseado y la realidad del día. Sólo la noche adivina lo que se siente tener un cuerpo, que respira cerca de tu oído, al que le puedes decir todo lo que nunca a nadie mas nombraste.
La cuarta, el viaje del que no habías tomado conciencia. Buscaste un castillo, lo habitaste dispuesto a morir en él, y a la vez te subiste a un barco. Habrías perdido el sentido del tiempo y una ronda de palabras perniciosas te revuelve el sendero.
La quinta, la sombra que intuyes y el otro niega. Querer perseguir al amor a tu manera desde el lugar menos común, se ha convertido en tu abandono. Perseguir sin atrapar frustra tu deseo, dejas de mirar, por mirar y callar siempre en el otro.
La sexta, es una despedida que no se concluyó. Que volviste a intentar volviendo a perseguir a aquella sombra. Y aun así erróneamente lo hiciste por amor.
La séptima, lo que los inviernos esconden.
La octava lo que la distancia adula.
Es tan fácil que el menos fiel construya una novena vez en otro cuerpo, traicionando al amor que fue tu todo o que en realidad no lo fue.
Si hubiera una décima, la décima sería el corazón. El amor al corazón que de haber vivido la mejor escena de su vida, fue mutilado tantas veces con cuchillos y cuchillos que afilaron la mentira.
La ruptura y la entereza ya no es parte, forma otro comienzo, lejos de la escena, fuera del castillo, sin brazos que te sostengan, ni respiros, ni palabras en tu oído. Luego de nueve veces. Al final, fueron todo, excepto amor.
La primera es el encuentro. Se convierte en la mejor escena de ese libro de tu vida, al releerse dispara dopamina. Recuerdo y deseo. Carne y esencia. La mezcla de todos los momentos imposibles. Por fin usas esa fuente que rescatas del cuarto de cacharros, con emoción colocas al lado izquierdo del pecho para que no deje de inundar tu corazón de tantas luces recién encendidas.
La segunda, una especie de llegada. Pisar la tierra. Sentir el frío y saber que los brazos tuyos y del otro necesitan las cuatro paredes de un castillo. Refugiar al amor. Alimentarlo. Como al niño pequeño que llega también sin esperarlo.
La tercera, el común compartido. El pan y las palabras. El desvelo deseado y la realidad del día. Sólo la noche adivina lo que se siente tener un cuerpo, que respira cerca de tu oído, al que le puedes decir todo lo que nunca a nadie mas nombraste.
La cuarta, el viaje del que no habías tomado conciencia. Buscaste un castillo, lo habitaste dispuesto a morir en él, y a la vez te subiste a un barco. Habrías perdido el sentido del tiempo y una ronda de palabras perniciosas te revuelve el sendero.
La quinta, la sombra que intuyes y el otro niega. Querer perseguir al amor a tu manera desde el lugar menos común, se ha convertido en tu abandono. Perseguir sin atrapar frustra tu deseo, dejas de mirar, por mirar y callar siempre en el otro.
La sexta, es una despedida que no se concluyó. Que volviste a intentar volviendo a perseguir a aquella sombra. Y aun así erróneamente lo hiciste por amor.
La séptima, lo que los inviernos esconden.
La octava lo que la distancia adula.
Es tan fácil que el menos fiel construya una novena vez en otro cuerpo, traicionando al amor que fue tu todo o que en realidad no lo fue.
Si hubiera una décima, la décima sería el corazón. El amor al corazón que de haber vivido la mejor escena de su vida, fue mutilado tantas veces con cuchillos y cuchillos que afilaron la mentira.
La ruptura y la entereza ya no es parte, forma otro comienzo, lejos de la escena, fuera del castillo, sin brazos que te sostengan, ni respiros, ni palabras en tu oído. Luego de nueve veces. Al final, fueron todo, excepto amor.
jueves, noviembre 15, 2018
She
Tantos años soñando, tanta realidad que separa el idilio de lo oculto.
https://youtu.be/rlrhkFvoRzo
https://youtu.be/rlrhkFvoRzo
viernes, octubre 26, 2018
Table for two
Pienso la posibilidad
Me conecto
Sonrío y acepto
Llego al lugar
Te encuentro y te descubro
Eres la emoción que se infiltrará en mi vida para tomar decisiones y caminos
Los inicios siempre son románticos
Osados
Memorables
La casualidad, la pasión, la entrega
Luego la razón empieza a provocar que baje la marea
Que el corazón se sienta raro
O las palabras se claven sin respuesta
Que las dudas comiencen a doler
Al vivir contigo te amo
Pero mi deseo ha sido mutilado
Mi duda calla en un silencio interno del que no advertí las consecuencias
Comienzas a tejer una ansiedad de la que quizá no eres responsable
Pero sí elemento
Te esperé en nuestra mesa de dos
Para decirte por lo menos con los ojos lo que significabas para mí
Pero no llegaste
En silencio me voy
Te dedico el final
Table for Two - Abel Korzeniowski
jueves, octubre 11, 2018
La estética de mi cotidianidad
La línea de tu brazo, el silencio que habla de tu cuello, la forma de tus manos y tus dedos. Podría formar un juicio estético de ti, a través de trazos, memorias, recuerdos. Mi propia experiencia estética ante la cotidianidad de tenerte como parte de mi vida. Del sorbo del café que ambos preparamos. Del por qué me miré contigo en ese cuadro. El viaje, el beso, la llamada. La búsqueda cuando se nos apagó el sol y cómo intentamos encenderlo. Entiendo que mi percepción de la vida es más concreta contigo, quizá más amplia sin ti. No lo sé. Avanzo y siento. Pienso y me miro. Y no sé si estoy lista como para a descubrir otros futuros. Si mi camino era contigo.
miércoles, octubre 10, 2018
De relojes y vacíos
Mi reloj de arena estaba lleno.
Tanto que para vaciarse tal vez podría haber pasado un siglo.
Triste que la magia que se encargó de acumularlo, también sea la que desaparezca con lentitud cada grano.
Fuiste tú el que volteaste mi reloj.
De inmediato sentí un estruendo que comenzó a vaciarme.
Cada grano perdido es una gota de sangre menos en mis venas, de este torrente que ayer cuando nos miramos, ilusamente llamamos amor.
Tanto que para vaciarse tal vez podría haber pasado un siglo.
Triste que la magia que se encargó de acumularlo, también sea la que desaparezca con lentitud cada grano.
Fuiste tú el que volteaste mi reloj.
De inmediato sentí un estruendo que comenzó a vaciarme.
Cada grano perdido es una gota de sangre menos en mis venas, de este torrente que ayer cuando nos miramos, ilusamente llamamos amor.
domingo, septiembre 30, 2018
Mi propio tratado del amor
Quizá me he conformado con tan poco.
Buscar.
Creer.
Asumir.
Adaptar.
Te busqué durante mucho tiempo.
Descubriendo rostros en nuevas citas.
Adivinando desde las primeras sonrisas y las frases si serías tú.
Intentando desvanecer el espectro usando un método no probado de caricias, que al salir el sol me revelara si por fin te habría encontrado.
La mayoría de las veces la imagen desaparecía.
Las horas me llevaban a una escena incontablemente repetida.
Cambiaba el lugar, cambiaba mi ropa, a veces mi color de pelo o mis zapatos de acuerdo a la estación.
Pero era yo, siempre y sola.
Después de decenas de intentos te encontré.
Sin cita, sin espectro, sin niebla.
El universo me acomodó una historia.
Lo que los demás suelen llamar amor.
Entonces creí.
En el camino, la predestinación, las olas inmensas que lejos de arrollarte te envuelven en un lugar seguro.
Creer es un verbo altamente practicado.
Sabiéndolo usar aleja del silencio, con el riesgo de caer en la evasión.
Justo donde mi lugar seguro fue a parar.
Entonces asumí.
Los demás dicen que asumir significa madurez.
Asumir que el universo podía desacomodar ciertas cosas que los románticos pensábamos eternas.
Que la luna de miel se vacía.
Que la luna de miel se vacía.
Que hay que llenarla de otras cosas. Mas reales.
Que hay que asumir un nuevo lugar en la lista, que nadie prometió, que yo creí.
Entonces, siguiendo el manual del convencionalismo humano, me adapté.
A las nuevas soledades en el fondo de mi mente.
A la pasiva respuesta para evitar discutir.
A dejar ir, evitando acumular las ansiedades que podrían inundar el lugar seguro y ahogarme por la inmensidad de las olas, que ahora solo me provocan miedo.
Esto último nunca me salió.
Adaptarme es lo menos bien que suelo hacer.
Solíamos hablar.
La pasión había sido reemplazada.
Adaptarse era parte del manual.
Convertir las palabras en la poética de mi cotidianidad.
Aún con juicios, frases hirientes, reproches dolidos.
Aún así extraño conversar.
Pedirlo es burdo, exigirlo es egoísta.
Adaptarse es lo que mandan los demás.
Los que suelen llamar al amor adaptación.
No quiero conformarme con tan poco.
¿Podría el universo acomodar nuevamente nuestra historia?
Mi propia poética de la cotidianidad.
Lo que para mí y no para los demás, es mi propio tratado del amor.
martes, septiembre 25, 2018
Lanzar una palabra
Lanzar una palabra. Suave, que acaricie la mínima hoja de ese árbol que mece el pensamiento, que respire el verde de la vida y regrese, que corra por los invisibles surcos de unos brazos o llueva y envuelva en un perfume, como de tierra mojada.
O lanzarla para morder el incómodo silencio, para meterse en el centro del pecho, para doler aún más esa opresión, que hiere lento a pasos de milímetro. Para no ver despertar la noche y herir, herir tanto como la voz del abandono lo grite.
jueves, septiembre 20, 2018
Entre decir, callar y desear
Te recordé como eras antes. En el arrebatado y suave estado del amor. Y quise decirte, sin caer en el lugar común de los reproches, que has cambiado. Que hasta yo misma cambié y me convertí en no se qué. Al no saber cómo decirlo, callé. Escondida y frente al silencio, tal vez un día encuentre las palabras y te diga. Que deseo que la brecha más común de los caminos, la reinventemos juntos, bajo árboles que dan sombras de colores, con infinitas ramas para colgar las memorias. Con hojas que al pisar provoquen música, que al llegar a las nubes lluevan risas. Y si no me entiendes, te volveré a recordar como eras antes. Volveré a callar y me alejaré muy lento, dejando de ser lo que fui para reinventarme sola. Entre mis propios árboles.
viernes, septiembre 14, 2018
Nosotros parecíamos felices
Nosotros
parecíamos felices. Aunque de sobra se sabe que el concepto de ser feliz cada
uno lo inventa a su manera. La palabra felicidad, si bien tiene una interpretación,
se aleja mucho de un significado colectivo. Parecíamos felices, según el ojo de la vecina
en la ventana. O el perro que nos movía
la cola al vernos. A la salida del cine.
Al ver la televisión. Hasta yo pensé que
éramos felices, por el simple hecho de sabernos juntos. Sí, la vida es una interpretación. Mi lectura
no era la de una vida perfecta pero había continuidad y cariño. Asumí una
lectura similar en tu cabeza. Y una
mañana se fue la mitad de mi interpretación.
Te fuiste tú y yo me quedé sin sentir nada. No sé qué significa sentir nada. No sé si mi emoción está detenida en un
periodo de espera, o si de plano ya llegó el futuro con un dedo imperativo que
me dice, tú estás sola. Me asaltan tres
palabras que en silencio repito, como para ubicarme en el tiempo, entre lo que
fue y lo que se le acercaba a lo real.
Nosotros parecíamos felices.
miércoles, septiembre 12, 2018
No de este mundo
No de este mundo. Quizá de allá, de un lugar no común, que esté vivo en el ritmo luminoso de una estrella, como un latido. No hablo de caer, ni de perder la esperanza. Pretender lo que todos, aleja mi paz de ese ritmo luminoso, de ese preciso latido.
martes, septiembre 11, 2018
De otro cielo
Esperaré por el día en que el pájaro, el pino y la nube salgan de aquel viejo poema de Benedetti que leía siendo niña, para que completen este, mi otro cielo.
martes, agosto 28, 2018
Cuando dibujo el pasado
Ese tiempo, en que mi horizonte era una dulce línea del futuro. No importaba hacia donde se extendiera, mi destino era tan claro, que no necesitaba predecir rutas. Estabas ahí, habías llegado para derrocar por fin el reino de mis ansiedades. Yo que siempre fui un tripié mal colocado, tambaleando ante la mínima fuerza. Encontré en ti equilibrio en cada respiro, de amor o de locura, sin temor a perderme. Y como decir que todo pasa y que la dulce línea del futuro se fue borrando al paso de los meses. Dejé que los fantasmas otra vez cobraran fuerza y soy yo la responsable de este nuevo delirio que aparta mi firmeza. Ese tiempo, cuánto deseo se desprende de mí para que vuelvas, mi equilibrio, magia y sutileza, mi dulce amor tan encontrado y a la vez perdido.
lunes, agosto 20, 2018
Las ausencias están llenas de intenciones
-De qué me hablas
-Deberías dejar de ser tan confiada, las ausencias están llenas de intenciones
-Si me pongo a dudar voy a terminar siendo una loca
-Si dudaras un poco verías la realidad
El daño estaba hecho, aquella amiga le sembró las dudas mas profundas, de lágrimas se fue formando un surco de heridas que de tanta humedad ya no se cierran.
Y de las dudas, surgió la ansiedad por las averiguaciones. Las pesquisas. Los reclamos.
Una noche, no sólo se ausentó el sueño, también él se ausentó de su vida. Lo mismo habría pasado, dudando o no dudando.
Será que la firmeza del destino está confeccionada con las consecuencias de las dudas.
Las ausencias se llenaron de intenciones.
-Deberías dejar de ser tan confiada, las ausencias están llenas de intenciones
-Si me pongo a dudar voy a terminar siendo una loca
-Si dudaras un poco verías la realidad
El daño estaba hecho, aquella amiga le sembró las dudas mas profundas, de lágrimas se fue formando un surco de heridas que de tanta humedad ya no se cierran.
Y de las dudas, surgió la ansiedad por las averiguaciones. Las pesquisas. Los reclamos.
Una noche, no sólo se ausentó el sueño, también él se ausentó de su vida. Lo mismo habría pasado, dudando o no dudando.
Será que la firmeza del destino está confeccionada con las consecuencias de las dudas.
Las ausencias se llenaron de intenciones.
lunes, agosto 06, 2018
Marcia se da cuenta
Frente a la ventana del café, Marcia se dio cuenta la falta que se hacía. Estar con ella misma, como si el universo le recetara una nueva medicina casi de manera obligatoria. Aunque doliera. Dejar de extrañar la presencia vacía de su ex marido. O la risa irreverente de su hija, ahora estudiando en otra ciudad. La soledad le cuesta al alma. Hay un cierto proceso que conlleva dolor. Pero como parte del proceso, la vida se transforma. Como entrar a un túnel de cierta manera y salir de ahí completamente siendo otro. Y pensar que esa tarde en el café apenas era la entrada.
jueves, agosto 02, 2018
Una palabra al azar
Una palabra al azar, es dejar al viento la escasez de decisión para decirte lo que pretendo, por desastroso que sea. Es invitar una plaga de malos pensamientos sin medir la consecuencia.
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