Dulce sol, escondido
detrás de una nube de azúcar, cuéntame el secreto del universo, del arco de
colores que inventas con la lluvia, de la flor que amaneció, del grillo que
duerme cuando llegas. Cuéntame de tu eterno
romance con la playa, de su vestido azul con encaje de espuma en las mañanas,
de su serena nostalgia por las noches. Cuéntame de ti, de tu juventud longeva,
brillante y cálida. Cuéntame si un día,
cuando me toque dormir, estarás conmigo en otra vida. Yo no quiero sufrir de
oscuridad.
Blog de experiencias cotidianas. Te hablaré de libros, de cine, amor y desamor. Te hablaré de lo que hablamos todos.
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lunes, mayo 29, 2017
jueves, mayo 18, 2017
Cuando alguien se disfraza de Rey Midas
Sí, es como si afuera, con el disfraz de Rey Midas, uno fuera iluminando como el oro las mañanas nubladas o las tardes oscuras de los otros. Como si la risa fluyera como el jabón en la piel mojada, suave, fácil, fresca. Como si todo al pasar agregara la alegría. Pero cuando se ha dejado a los demás complacidos, sus manos se mueven en señal de hasta mañana, esperando por la luz del día siguiente. Uno baja por el portal y en la calle, la noche y el corazón en penumbras se encaran con el frío. La risa que fluía da paso al llanto silencioso, pesado, asfixiante. Como si todo al pasar agregara desamparo. Y los labios solo supieran pronunciar la palabra cuándo.
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