Los domingos son como desiertos
Tengo suerte de tener una montaña
Si miro la ventana los domingos se borra cualquier trazo de horizonte
Todo grano aparente de textura
Un matiz gris y defectuoso
Me hace dudar del sol
El ladrido de mi perro pretende regresar la línea de la montaña
Pero no la veo
Será que tampoco estás.
Blog de experiencias cotidianas. Te hablaré de libros, de cine, amor y desamor. Te hablaré de lo que hablamos todos.
Entradas populares
-
El que cuenta su historia, a veces lo hace sin decirlo, porque cada paso, cada mirada o cada surco en la piel, hablan mucho más que lo que é...
-
Como un lado oscuro o una tierra distante y ajena. Como aquello que no duele por no verlo. Así las heridas, así los muertos, se desvanecen ...
-
Pequeña sonrisa fragmento de tres centímetros convertido en chispa y luego en luz natural de todos los espacios Sin ti la ausencia ...
-
Fuera de foco, aquella sensación de incertidumbre. Por más que busqué el sol lo único que conseguí fue empaparme la cara mirando al cielo, s...
-
El sonido de la cuchara al mover el café. La fragancia de alguien al pasar. Viejas olas que volvieron al mar esta mañana y un recuerdo en lo...
-
En el pasado, tuve cerca un espejo de mar y muchos domingos de cielo y de tierra. Luego mi vida estuvo rodeada de montañas, azules y grises...
-
Corazones de lazos invisibles transitando ligeros en la brisa corazones con alma que sin prisa se fugan sutiles e invencibles. Afectos en su...
-
¿Recuerdas la primera vez que te conectaste por internet? Yo tengo el recuerdo que fue cierto día a finales de 1997, estaba en la oficin...
-
Son pocas las cosas que puedo asimilar claramente de las teorías de Lacán. Abro un libro o me sumerjo en un artículo en la red y otra vez m...
-
Este amor es flor de carretera Que mira al ocaso acontecido Va en línea paralela hacia el olvido Uniendo a las hormigas en hilera Es la marc...
miércoles, enero 30, 2019
martes, enero 29, 2019
Amarse despacio
Amarse despacio
no es deshojar los calendarios
no midas cuanto tiempo te esperé
no cuentes los no que antes te dije
yo creo que el amor lleva su propio marco de memorias
su propio camino
con estrellas caídas convertidas en piedra
o encendidas, irradiando el fuego que penetra al corazón
deja en off el ruido de fondo
escuchemos el lenguaje de la luna
amarse despacio es llevar el corazón encendido por bandera
es una luz perseverante de perdón
es respetar la pausa
tomar las piedras
tirarlas al fantasma
si una voz te dice no es posible
o la soledad taladra tu centro
para hacerte perder el equilibrio
Amarse despacio
es levantarte y decir aquí estoy
abraza mi realidad
y yo te amaré con todo tu presente
no es deshojar los calendarios
no midas cuanto tiempo te esperé
no cuentes los no que antes te dije
yo creo que el amor lleva su propio marco de memorias
su propio camino
con estrellas caídas convertidas en piedra
o encendidas, irradiando el fuego que penetra al corazón
deja en off el ruido de fondo
escuchemos el lenguaje de la luna
amarse despacio es llevar el corazón encendido por bandera
es una luz perseverante de perdón
es respetar la pausa
tomar las piedras
tirarlas al fantasma
si una voz te dice no es posible
o la soledad taladra tu centro
para hacerte perder el equilibrio
Amarse despacio
es levantarte y decir aquí estoy
abraza mi realidad
y yo te amaré con todo tu presente
viernes, enero 18, 2019
Una mujer y una torre
Aquella mujer se enamoró de una torre.
Sus manos claras se perdieron entre muros.
Con vehemencia abrazaba su textura de arcilla, con anhelo su majestuosa belleza.
Descubrió en el apego, un lugar que habitar, al cual pertenecer.
Si mirar hacia arriba es admirar, lo demostró con su frente.
Y de su aliento se alimentó la cercanía.
De estar tan cerca nunca se alejó lo suficiente.
Debió admirarle también en la distancia, o probar cómo se sentía vivir lejos de ahí.
Debió tener una referencia de otras torres y conocer mejor la suya.
De la falta de distancia se formó una realidad distorsionada.
A unas decenas de metros, bajo un cielo claro, su torre estaba inclinada.
El suelo de donde emergía no era el adecuado, con los años fue evidente.
Una noche de trágica tormenta, se escuchó un estruendo.
La hermosa torre cayó.
La mujer enamorada se encontraba abajo, abrazando sus muros, empapada de lluvia, como si su protección evitará la inminente destrucción.
Cuando estuvo a punto de caer, la mujer por instinto tomó la decisión de correr y alejarse.
Corrió hasta donde mas pudo y hasta donde más la lluvia le pudo permitir.
Encontró un refugio en una abandonada casa, a cierta distancia de la torre.
Al amanecer visitó las ruinas, los muros que antes abrazaba hoy caídos.
Se sentó y lloró.
No se miró los pies heridos, ni sus manos curtidas, ni su cuerpo resfriado.
Su vista ahora se posaba en un viejo árbol.
jueves, enero 10, 2019
Suscribirse a:
Entradas (Atom)