Los domingos son como desiertos
Tengo suerte de tener una montaña
Si miro la ventana los domingos se borra cualquier trazo de horizonte
Todo grano aparente de textura
Un matiz gris y defectuoso
Me hace dudar del sol
El ladrido de mi perro pretende regresar la línea de la montaña
Pero no la veo
Será que tampoco estás.
Blog de experiencias cotidianas. Te hablaré de libros, de cine, amor y desamor. Te hablaré de lo que hablamos todos.
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miércoles, enero 30, 2019
martes, enero 29, 2019
Amarse despacio
Amarse despacio
no es deshojar los calendarios
no midas cuanto tiempo te esperé
no cuentes los no que antes te dije
yo creo que el amor lleva su propio marco de memorias
su propio camino
con estrellas caídas convertidas en piedra
o encendidas, irradiando el fuego que penetra al corazón
deja en off el ruido de fondo
escuchemos el lenguaje de la luna
amarse despacio es llevar el corazón encendido por bandera
es una luz perseverante de perdón
es respetar la pausa
tomar las piedras
tirarlas al fantasma
si una voz te dice no es posible
o la soledad taladra tu centro
para hacerte perder el equilibrio
Amarse despacio
es levantarte y decir aquí estoy
abraza mi realidad
y yo te amaré con todo tu presente
no es deshojar los calendarios
no midas cuanto tiempo te esperé
no cuentes los no que antes te dije
yo creo que el amor lleva su propio marco de memorias
su propio camino
con estrellas caídas convertidas en piedra
o encendidas, irradiando el fuego que penetra al corazón
deja en off el ruido de fondo
escuchemos el lenguaje de la luna
amarse despacio es llevar el corazón encendido por bandera
es una luz perseverante de perdón
es respetar la pausa
tomar las piedras
tirarlas al fantasma
si una voz te dice no es posible
o la soledad taladra tu centro
para hacerte perder el equilibrio
Amarse despacio
es levantarte y decir aquí estoy
abraza mi realidad
y yo te amaré con todo tu presente
viernes, enero 18, 2019
Una mujer y una torre
Aquella mujer se enamoró de una torre.
Sus manos claras se perdieron entre muros.
Con vehemencia abrazaba su textura de arcilla, con anhelo su majestuosa belleza.
Descubrió en el apego, un lugar que habitar, al cual pertenecer.
Si mirar hacia arriba es admirar, lo demostró con su frente.
Y de su aliento se alimentó la cercanía.
De estar tan cerca nunca se alejó lo suficiente.
Debió admirarle también en la distancia, o probar cómo se sentía vivir lejos de ahí.
Debió tener una referencia de otras torres y conocer mejor la suya.
De la falta de distancia se formó una realidad distorsionada.
A unas decenas de metros, bajo un cielo claro, su torre estaba inclinada.
El suelo de donde emergía no era el adecuado, con los años fue evidente.
Una noche de trágica tormenta, se escuchó un estruendo.
La hermosa torre cayó.
La mujer enamorada se encontraba abajo, abrazando sus muros, empapada de lluvia, como si su protección evitará la inminente destrucción.
Cuando estuvo a punto de caer, la mujer por instinto tomó la decisión de correr y alejarse.
Corrió hasta donde mas pudo y hasta donde más la lluvia le pudo permitir.
Encontró un refugio en una abandonada casa, a cierta distancia de la torre.
Al amanecer visitó las ruinas, los muros que antes abrazaba hoy caídos.
Se sentó y lloró.
No se miró los pies heridos, ni sus manos curtidas, ni su cuerpo resfriado.
Su vista ahora se posaba en un viejo árbol.
jueves, enero 10, 2019
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