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domingo, agosto 28, 2016

En medio de la noche

Una noche
    o un sueño
me despertó el amor
    o una visión
caminé acompañada
su piel me abrazó
   o fue la bruma
claro de lago
y nuestro reflejo
   o no me vi ahí
porque al volver a mi cuarto
al recostarme en la cama
me volví a dormir
   o tal vez morir

viernes, agosto 19, 2016

El sombrero hongo de Sabina

Hace mas de 25 años leí La Insoportable Levedad del Ser de Milan Kundera y hoy, no sé que cosa llevó a otra que terminé por pensar en el sombrero hongo de Sabina.  Un símbolo importante, digamos sobresaliente, dentro de la historia de amor de los personajes.  Un objeto ficticio, perdurable también en mi memoria. Muchas veces siendo mas joven pensé en portar un sombrero igual, llevarlo con un libro en la mano y salir a la calle, como para buscar cómplices, alguien que también hubiera leído la novela y nos identificaramos sin decir apenas nada. Portar un sombrero hongo y un libro, como para ser un híbrido de personajes entre Sabina y Teresa.  Algunas veces quise ser Sabina y algunas otras quise ser Teresa.  Terminé siendo algo muy distinto, al fin de cuentas real. Nuestra vida no es personaje de novela.  Sin embargo, la obra siempre me remite al amor imperfecto y humano, que queremos realizar y que se empeña en no cumplirse. Aprovecho para retomar entre fragmentos esta magnífica obra que, novelas vayan y novelas vengan, sigue siendo mi libro favorito

jueves, agosto 18, 2016

Guardar tu voz en una caja

Guardar tu voz, como en una de aquellas viejas cajas musicales, que al abrirla conversara con este soliloquio oculto. Para los días en que pudiera evitarse un desvarío o quizá desvariar más.  Pobre loca que conversa con la voz guardada en una caja, dirían las mentes coherentes. Yo diría que conversar con tu voz me salvaría. Yo no soy fuerte como para resistir la caída hacia el silencio.

lunes, agosto 15, 2016

Paris, Texas


Alguna vez había referido que yo nací y crecí entre la frontera de México y Estados Unidos, entre Tamaulipas y Texas, durante los años ochenta. Quizá por eso me proyecté visualmente en esta maravillosa película, filmada justo en esa época. Mi afortunado reencuentro con Paris, Texas me ha dejado más de lo que esperaba de una obra que recordaba muy poco o casi nada. 

En mi pequeña ciudad del lado mexicano, había alrededor de cinco viejas salas de cine que en su mayoría proyectaba cine de ficheras (género de la cultura popular mexicana de los años setenta  y ochenta; no apto para menores). Exceptuando a un par de salas llamadas Cinemas Gemelos, que proyectaba películas americanas y taquilleras, acudir al cine era de mala reputación. Los adolescentes mas apegados a las reglas o regaños de familia nos fuimos haciendo a la idea de ver el poco cine hollywoodense que llegara (léase Karate Kid o las películas de Rocky)  o si el presupuesto familiar lo permitía, tener acceso a películas por señal de cable,  de aquellas de antena parabólica que compartía el negocio local, o rentar  del mismo negocio las pocas películas copiadas, o sea no originales, en cartucho Beta grabadas con una videocasetera desde la misma señal de la antena parabólica. (Antes no había leyes contra la piratería). Aún así no dejaba de ser cine casi en su totalidad americano.  Yo crecí sin saber que era Cannes pero sí bien enterada de los Oscar. Por cierto, me hace gracia recordar estos hechos, tan distantes.  Pero volviendo al tema, París, Texas nunca habría llegado a un cine de Matamoros y al haberla encontrado 30 años después me envuelve en toda esta ambientación a la que he hecho referencia.

París, Texas, película europea, filmada en el sur de Estados Unidos, en su ambientación desértica, con hoteles de carretera y restaurantes de hamburguesas, es la narración de un amor imposible, que el mismo amor hace posible. No en la forma empeñada del final feliz y realizado que las telenovelas mexicanas a través de la historia (por cierto desastrosa) hacen creer. Sino del amor que trasciende, con base en una decisión dolorosa pero a la vez liberadora.

Una película de la cual si el espectador no tuviera referencias, sería mejor. No sabría a dónde le llevara la trama, pero le mantendría interesado en esa entrañable sencillez de lenguaje que contrasta con la riqueza visual de una fotografía extremadamente cuidada.  Otro dato que no pude dejar pasar es que la música de fondo en escenas fundamentales es mexicana. 

Una película memorable de la que no quiero contar más, precisamente para no revelar todas esas referencias que la harían perder su magia.

Gracias a Paris, Texas por un fin de semana de recuerdos.





jueves, agosto 11, 2016

Corazones

Corazones de lazos invisibles
transitando ligeros en la brisa
corazones con alma que sin prisa
se fugan sutiles e invencibles.

Afectos en sutiles cintas blancas
son señuelos entregándose a la luz
en su lenguaje de viento a contraluz
de armonía, sonidos y palabras.

Quiero seguir la huella de su estela
y ahondarme en su corriente de latidos
para olvidar el peso de la tierra.

viernes, agosto 05, 2016

La voz interna

A veces escribo en este blog para sentirme un poco acompañada. Mantener conversaciones únicamente con mi voz interna podría tener severas consecuencias. Mi voz interna, mi contrincante energético o taciturno, mi crítico interior de pensamientos insistentes. Desafiarlo me cansa. Aceptarlo me destruye. Abandonos y nostalgias. Lamentos y alegrías culpables. Un cóctel agridulce que al final de la copa se vuelve amargo, que me bebo por las tardes, cuando el ocaso me dice que es muy tarde para tomar fuerzas ese día. Que hay que volver a comenzar mañana. Siempre miré de reojo los libros de auto ayuda, me causaban desconfianza. También me burlé de aquellos que se quejaban y que vivían presos de otras voces. Hasta que mi enemigo se plantó en un lugar de mi cabeza. Quizá siempre estuvo en el espejo y yo era lo suficientemente fuerte para ignorarlo. Y la suma de cócteles cada tarde me han hecho vulnerable y permisiva.  Por cierto, recién ha comenzado el día. El mejor momento para llamar a la confianza. Si otros pasan por aquí y se reflejan, sentiré que somos varios tratando de callar nuestras propias voces, las de adentro y las de afuera. 

lunes, agosto 01, 2016

No seremos los mismos el siguiente verano

No seremos los mismos el siguiente verano.  Las películas que vimos serán historia. El espacio hoy vacío entre tus dientes estará ocupado y tendrás otra sonrisa, con otra mirada.  Hoy cargas y cuidas tu unicornio, lo abrazas y te duermes junto a él. ¿El siguiente verano lo vas a querer igual?  Estos días son de sol y con tus cabellos al viento mi vida debería colmarse de un feliz entusiasmo, de verte crecer y descubrir nuevas estrellas cada noche. Pero lo cierto es que un velo de melancolía me rodea. Como a cuenta gotas el tiempo se me va y poco a poco dejas de ser niña. Y yo te extraño desde hoy.

jueves, julio 28, 2016

Cuando el tiempo cobra para bien

Tienes la mirada tan azul. Cuando te conocí, no pude sostenerte la mirada, tus ojos sin querer me ahogaron. Imposibles las palabras, como parte de un naufragio. Un sentido de invasión que sin querer adentrabas en mi cuerpo. 

A pasos breves, con uno que otro toque de tus manos y una cantidad infinita de sonrisas, ocupaste un sitio real. En mi espacio, entre mis cosas. Acompañando la soledad de mi historia. Las cosas singulares se convirtieron en par. 

Cuando me llevaste al mar, entendí la profundidad, la comparé con tus ojos y el corazón se me volcó. Yo que nunca había entendido lo sublime. Yo que a cada paso pensaba en despertar del sueño. Pude entender que a veces el tiempo cobra para bien, para hacer algo bueno con la vida. 

Tienes la mirada tan azul y no puedo olvidar el mar, el Sur de México, nuestras manos acariciando el Caribe. Contando tus pestañas como se cuentan los días o los besos.

miércoles, julio 27, 2016

El espíritu olvidado del verano

Hace algunas semanas, por cuestiones de trabajo, le he dado vueltas y vueltas a lo que significa un proceso de transformación.  Y no doy con lo que tengo que hacer o hacia donde tengo que llegar. Hace algunas horas pensé que no doy o no llego porque para poder proponer un proceso que involucra personas, esencia, cultura, debo comenzar por mi propia transformación.  Y en eso estoy en cero.  Transformar, bendita palabra.  Cómo convertirse en algo mejor, cómo reinventarse, como pintarse de colores diferentes, sin dejar de ser uno mismo, para que la propuesta sea creíble. Tengo dudas serias y pensamientos existencialistas. Cómo voy a ser el ejemplo de la transformación si mi vida es enteramente subjetiva, dispersa, anti sistemática.  El espíritu olvidado de mi verano (como decía Amaral) es una consigna sin resolver. 

lunes, julio 25, 2016

Verano en la luna

Una vez en la luna, descargué mis pilas y decidí perderme horas, días, meses, lo que fuera.
Una vez en la luna decidí regresar.

Hoy tengo recuerdos de esos días
y un recuerdo sobre la levedad me seduce
mientras cargo bolso, mochila, lap top y cien pensamientos absurdos.

Una vez en la tierra, me quisiera marchar.

jueves, julio 21, 2016

Ausencia y nada

¿Será la ausencia la nada?  Imagino una habitación vacía, donde tus objetos y mis cosas ya no existen. O por lo menos no existen ahí, ocupan otro plano, otro lugar en el espacio, como si ocupar un espacio significara dar vida.  Imagino que no estás y entonces otra vez vuelve a aparecer la nada. No tengo palabras, ni emociones, ni siquiera tengo algo intangible como tu mirada. Entonces me aburro, o me angustio o entristezco. Me angustiaría por nada, porque mi vida estaría en medio de la nada. Y vuelvo al mismo ciclo, la ausencia será la nada. O la ausencia es la falta.  Y la falta un deseo perdido. Vuelvo al mismo ciclo, entonces vuelvo a la nada.

lunes, julio 18, 2016

Trece

Trece sueños en trece días. Te conocí en un día trece y una sorpresa más, eran las trece horas. Caminaste junto a mí después de preguntarme por una dirección. Y te dije sin pensar es por allá, a un paso de la calle trece. En un lapso demasiadas coincidencias.  Trece días durarían mis vacaciones. Trece piedras de colores, el collar que recibí cuando en la plaza te dije adiós y me miraste partir. Trece meses han pasado desde entonces y sigo soñandote en las lunas, arrancando al despertar las hojas de un calendario antiguo. Mi trabajo en el canal trece me hace olvidarte un poco, pero siempre regreso al mismo pensamiento, al otro lado del mundo, en un mes trece inexistente, quizá vengas a verme.

Electricity


Electricity
Reino Unido, 2014
Director: Bryan Higgins


Tal vez es un pecado sentarse a ver una película en medio del desorden de una mudanza. Pero el viernes en la noche, no quise saber más y me adentré en el catalogo de Netflix.  El resultado fue Electricity, una película que sin ser la mejor, puede valer mucho la pena.

Electricity es un filme independiente con una narración bien lograda. En hora y media nos cuenta sobre Lily, una joven alta y rubia, con todas las posibilidades para sobresalir, si no fuera por una afección que merma su calidad de vida, la epilepsia.  Sería muy fácil haber contado la historia de una chica luchando contra su enfermedad, con escenas cargadas de melodrama, al grado que el espectador tuviera que ir a buscar la caja de kleenex y mantenerla a un lado.  Pero lo que encontré fue un personaje que acepta su discapacidad y mas que buscar la cura, que no la hay, o preguntarse y reprochar su lugar en el mundo, busca reconciliarse con su pasado. En un trance de heridas y decepciones, el personaje no deja de ser colorido y esperanzador. 

Tocar fondo puede ser un lugar común, el mérito está en resolver la historia para evitar lo predecible y Electricity lo logra, al menos para mí.

Recomendable para cualquier noche en que se elija no leer un libro e intentar algo en la tele. 




miércoles, julio 13, 2016

¡Adaptación!

Adaptación es la palabra en este verano.  Recién me he mudado a otra ciudad mucho más pequeña, lo cual tiene su encanto porque el ritmo de vida es mas pausado, las distancias más cortas, el cielo más azul.  Aunque hay cosas que extrañas de una ciudad grande como la velocidad del internet, la inmediatez de ciertos servicios o el aire acondicionado. Soy fan del aire acondicionado! Nunca he sido una persona muy de ventanas abiertas, quiero decir, prefiero las ventanas cerradas al tener una particular relación conflictiva con el polvo.  Me enfada su desfachatez de meterse así por todas partes, descarado, silencioso e invisible, tanto que cuando he regresado a casa  hay una invasión en todos los objetos. Especialmente me pone mal tomar un libro, lleno de polvo, o querer usar un plato que tienes que lavar.  En las ciudades pequeñas se vive con ventanas abiertas y me está costando mucho trabajo cederle paso a ese elemento en mi mesa, repisa, vajilla, hasta en los muñecos de peluche de mi hija.  Apenas es la primer semana y creo desesperar.  Y aunque esta vez mi entrada no estuvo nada literaria, para mí resulta liberador contarlo y quizá encontrar que no soy la única.

sábado, julio 09, 2016

Sola en Irun

Me dijiste, a las 8 en la estación.  El tren sale a las 10, pero antes de partir tomemos con calma un café, que en casa no tendré tiempo de nada. Y llegué puntual, con mi mochila de ocho kilos, las botas puestas y el corazón para esperarte. Cuando el reloj me molestó con dudas, te marqué. Tu teléfono apagado me hizo alucinar, se quedaría dormido?, habrá tomado algo?, dónde está? No sé si alguien más ha vivido ese momento, o es un desvarío propio y recurrente cuando la escena donde te encuentras comienza a girar al alrededor, como si en el centro se agolparan todas las palabras, se aglutinaran todas las emociones y una voz en off dijera, muévete, reacciona, toma una decisión ahora. Después de muchos intentos fallidos en llamarte, cuando me senté para pensar, dos palabras en el whatsapp me aclararon el contexto.  No iré. Y entiendo que parecerá predecible pero bastó ese mensaje para regresar a la voz en off y hacerle caso. Me subí al tren. El vuelco de lo no esperado quizá me hizo dormir. No, para ser sincera no fue eso, fue la pastilla de emergencia que siempre llevo en el bolso, Desperté en otra estación. Sola. Ya no tenía mas pastillas para darme valor.  Lo que tenía era la vida de frente. Esperando que yo actuara. Llegué a Irun y comencé a caminar.  Unos pasos adelante las flechas amarillas me indicarían el camino. Mi destino hacia el símbolo de una concha.

lunes, julio 04, 2016

Real y realidad

Esto que ves no es real, lo real no lo puedes soportar. Sería tan dramático, tan duro, que falleceríamos al primer intento de enfrentarlo. Lo que respiras y yo no somos reales. La planta no te deja ver al microinsecto. El polvo es una nube, la lluvia otro momento. Mis pies pisan universos que no advierto en la húmeda tierra de la tarde. No puedo darme cuenta de lo real.  Y eso me agobia, asimilo mi pequeñez de ser humano. A lo más, puedo acceder a la realidad. Ese velo colocado por el que percibimos el tiempo.

sábado, julio 02, 2016

La imagen del tiempo cayendo

Vamos a trocar la palabra tiempo, por la imagen de un espacio ausente. Quizá al principio te cueste trabajo acostumbrarte. Pero prefiero este cambio radical a ser eternamente esclava. Hoy tiro al río mi reloj de pulsera y te entrego en cintas blancas las manillas de mis horas.

jueves, junio 30, 2016

Haz un esfuerzo y detente

Que mis ojos te han seguido tanto tiempo, por favor detente y déjame contarte con miradas que toda esta piel de cielo la fuiste transformando, yo sé, sin proponértelo. Esta secuencia lleva mucho de admitida, entre mis pasos, tu ruta y mis tropiezos.  En silencio te he deseado y he besado tus cabellos kilómetros atrás, sabiendo que cada intención hacia ti me acercaría.  Pero por un momento, ponle atención a mi presencia, al lenguaje mudo de mis manos, a la callada sombra que te sigue. Si un ápice de ti no se siente interesado, comprenderé que dar media vuelta y seguir en tu empeño es lo que siempre estuvo destinado. Pero no voy a llegar a casa con los brazos caídos sin que al menos me hubieras escuchado.  Detente, que he encendido la lámpara y la cafetera para contarte el silencio. Que la noche de grillos nos aguarda y yo espero que comprendas mi secreto.

miércoles, junio 29, 2016

Nothing is too wonderful to be true

Aquella noche salía de una tienda de café, la brisa del verano me hizo llamarte. En otra circunstancia no lo hubiera hecho, no suelo ser tan valiente como para marcar el teléfono y tomar la iniciativa, pero una amiga insistente me dijo no pierdes nada.  Otra vez mi voz de tonta, tartamudeando un poco. Y tú con esa claridad suave que transitaba desde mis oídos, me dijiste va.  Quedamos mas tarde en tu casa, yo llevaría mas café y tú seleccionarías la música.  Hablamos de todo, de viajes, de sueños, hasta del pasado que no siempre es cómodo, con intentos de abordarme, de buscar pretextos para tocar mi brazo, de buscar palabras para acercar tu boca. Los acordes de Eric Clapton en Wonderful Tonight fueron culminantes para invitarme a bailar, un manantial de estrellas empezó a fluir sobre mi cuerpo, en silencio pensé, valió la pena tomar la iniciativa para llegar hasta aquí, en un mundo donde afuera pasaba todo pero nada importaba, sólo la suavidad de acompasar mi cuerpo al tuyo en ese fragmento de tiempo. Hasta que en medio de un beso lo rompiste todo.  Dijiste salgo con otra. No debes estar aquí. Y al soltarme caí por el manantial convertido en cascada. Las estrellas se convirtieron en piedras de un asteroide destrozado encima de la corriente, golpeando mi cuerpo, acabando con la escena estelar, dejándome a la deriva.  Me pediste que me fuera.  Y me enfrenté sola a la realidad de la calle, donde no hay estrellas, ni luz, ni universos paralelos que se alineen a la desdicha. No era el fin del mundo no, ni el exterminio de una causa perdida, pero para una mujer de 35 años buscando con intensidad el amor fue como tocar fondo a todas sus historias fracasadas. Puede ser tan dramático como se quiera, aunque sólo sea una situación inconclusa que no llegó ni siquiera a ser amor. Pero ni Eric Clapton con todos sus acordes pudo consolarme. Es verdad que en ocasiones, ciertas veladas llenas de luz, terminan absurdamente oscuras.

jueves, junio 23, 2016

Elementos del olvido

La piel del abandono
es seca como el otoño
sepia como el tabaco
capaz de envenenar la punta de la lengua
al paso de un beso con intención de olvido
En el espacio de la emoción desplazada
la rugosa capa de la ausencia
se desgarra en estrías de intenciones
sobre un baile lento
cruel y suave
entre el anhelo y el desdén