Aquella noche salía de una tienda de café, la brisa del verano me hizo llamarte. En otra circunstancia no lo hubiera hecho, no suelo ser tan valiente como para marcar el teléfono y tomar la iniciativa, pero una amiga insistente me dijo no pierdes nada. Otra vez mi voz de tonta, tartamudeando un poco. Y tú con esa claridad suave que transitaba desde mis oídos, me dijiste va. Quedamos mas tarde en tu casa, yo llevaría mas café y tú seleccionarías la música. Hablamos de todo, de viajes, de sueños, hasta del pasado que no siempre es cómodo, con intentos de abordarme, de buscar pretextos para tocar mi brazo, de buscar palabras para acercar tu boca. Los acordes de Eric Clapton en Wonderful Tonight fueron culminantes para invitarme a bailar, un manantial de estrellas empezó a fluir sobre mi cuerpo, en silencio pensé, valió la pena tomar la iniciativa para llegar hasta aquí, en un mundo donde afuera pasaba todo pero nada importaba, sólo la suavidad de acompasar mi cuerpo al tuyo en ese fragmento de tiempo. Hasta que en medio de un beso lo rompiste todo. Dijiste salgo con otra. No debes estar aquí. Y al soltarme caí por el manantial convertido en cascada. Las estrellas se convirtieron en piedras de un asteroide destrozado encima de la corriente, golpeando mi cuerpo, acabando con la escena estelar, dejándome a la deriva. Me pediste que me fuera. Y me enfrenté sola a la realidad de la calle, donde no hay estrellas, ni luz, ni universos paralelos que se alineen a la desdicha. No era el fin del mundo no, ni el exterminio de una causa perdida, pero para una mujer de 35 años buscando con intensidad el amor fue como tocar fondo a todas sus historias fracasadas. Puede ser tan dramático como se quiera, aunque sólo sea una situación inconclusa que no llegó ni siquiera a ser amor. Pero ni Eric Clapton con todos sus acordes pudo consolarme. Es verdad que en ocasiones, ciertas veladas llenas de luz, terminan absurdamente oscuras.
Blog de experiencias cotidianas. Te hablaré de libros, de cine, amor y desamor. Te hablaré de lo que hablamos todos.
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