A veces, desesperado, con el cabello sin luz, de toda la noche que anduviste por la vía, sin encontrar un pasaje donde sentarte a beber un poco de rocío de las julietas; te veo llegar a casa, solitario, sin ganas de hablar. Una sombra te rodea los ojos, es el desvelo, la ansiedad, el hueco. Y yo, de eternas vigilias sustraídas de tu frente, desde la taza de leche de las nueve, la rutina de quitarse el día de encima junto al cepillo de dientes, que pregunta por la forma de tu boca. Desde el tapete en la puerta, mas incompleto que yo, que te aguarda. Y llegas, me ves, y pareciera que encuentras lo perdido en mi cintura. La madrugada es un istmo, una perfecta sincronía de tierra y agua, la promesa y lo perenne. Canto de grillos que es un grito, peso que eleva mi abundancia, como un espasmo que me hace desprenderme toda, desintegrarme en gotas que van a parar a las julietas. Cuando te vayas. Cuando apenas den las siete. Y yo me tengo que ir a trabajar. Retomas la vuelta que dejaste inconclusa y no pasa nada durante el día.
Blog de experiencias cotidianas. Te hablaré de libros, de cine, amor y desamor. Te hablaré de lo que hablamos todos.
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jueves, noviembre 17, 2005
domingo, noviembre 06, 2005
A veces las esperas suspenden y dejan pasar a la prisa de los encuentros por un túnel despejado
Advina el lugar y la sombra. Yo te diré si ocurrió.
viernes, octubre 28, 2005
Desde el último piso de una vida
Un año posterior al octubre anticipado, a la mañana inusual y migratoria de aquel desayuno con la ventana hacia el mar. Sucesos de un otoño desolado, la gente se va. Los soñadores siguen la ruta de las mariposas, y hay quien no sabe que hacer con las ausencias. Nuevos anticipos se congregan con el aire, es la ciudad, el último piso y nada es mío.
martes, octubre 25, 2005
Esbozo de realidad, lo real es inaccesible
Cinco minutos. Algo empieza a desprenderse. Suave como un humo vestido de piel. Se eleva por las paredes, transgrede las voces, logra una salida. Esquiva cabezas, pensamientos, miradas que preguntan. Dónde vas. Abre la siguiente puerta, tira el carnet. Cómo te atreves. El viento espera, derrama libertades. Transporta. Sobre los edificios se acumula un vapor de nostalgias. Sigue en el vuelo, encuentra el eucalipto perdido. Ligereza en la montaña. Se impregna en el barro. Asciende por el azul prometido. Descubre la orilla, el bautizo de un barco imaginario. El quiebre de una botella, gotas frías, cristales minúsculos, llegan a las pestañas. El viento mira, no mires. Seca las gotas y lleva la esencia. Desde lo alto una fuerza avienta, traspasa un techo, tira a una cama. Blanca como la ola de un mar legendario y placebo. Ya no hay nada, solo piel
domingo, octubre 16, 2005
Fragmento de Las Nubes
Para dar cuenta de la sensación de ahogo que produce un cielo bajo, no basta enlazar los conceptos de bajo y pesado. La participación de la imaginación es mas íntima, la nube pesada es sentida como un mal del cielo, un mal que aplasta al soñador, un mal del que muere.
Gaston Bachelard de "El aire y los sueños"
miércoles, octubre 12, 2005
Otro corte en la escena
Es en esta orilla donde se confunde tu piel de avellana. La arena es nada. Ocaso detrás de un tul, tampoco distingo el horizonte. A razón de memorias voy delineando la suave duna, hasta que revuelco en lo sublime y pierdo la nocion del desierto. Como una hormiga en su universo pequeño, vuelvo a empezar sobre los granos de azúcar del deseo.
martes, octubre 11, 2005
Cómo se logra escuchar la voz cuando no existe el que habla
No digas que no lo sabías. Acaso no te dije en el comienzo lo que costaría quemar las naves. Ahora hazlo. Prende fuego. Hunde en llamas el silencio y la furia de su última presencia. Sálvate por una vez; por el eterno retorno, que contigo la teoría no se cumple y la rabia del perverso no se aliviana en cada vuelta, cada retorno es fragmento que se transforma en lo inmenso. Rebasa tus males y tus miedo comunes, quema las naves y quedate en la isla. Esperar por otro destino sin tener que cruzar el oceano, por el mensaje que arroje una botella, no mas que ahora resulta ser el método mas atemporal para olvidar los despojos.
domingo, octubre 02, 2005
Boulevard Diaz Ordaz
Desayuno de nubes sobre un mantel de asfalto. Miel de sol en el pan de pensamientos. Rostros anónimos. Puedes coincidir todas las mañanas y no saberlo nunca, hasta que dejes de andar y alguien eche de menos algo que no se sepa bien. Es tu ausencia, o la suya. Un café menos. Regresos nocturnos y despacio, entierros de perlas, versos acabados. Hay flores amarillas en los semáforos, efímeras como un latido.
jueves, septiembre 29, 2005
Artefacto para reinventar las escenas en blanco y negro
Hecha de trazos, de imperfección latente si ubico mi esbozo en el día quinto, o en el treceavo de la luna. De líneas borrosas y manchas de carbón en la camisa. Estrella que resplandece en la sombra, amantes tréboles mágicos, musitando el anhelado verde en el jardín monocromático. Tesoro perdido de turquesas y barco a venus que aún no ha regresado. ¿Volverás? Te guardo mis dibujos para mañana.
martes, septiembre 27, 2005
Más allá de lo que se sabe
Todo redunda en la nada. Esto que ves no es real, porque lo real no lo puedes soportar. Yo y lo que respiras nunca somos. La planta no te deja ver al microinsecto. El polvo puede ser la nube que colocaste por lógica en otro sitio. Lacan dice que "el amor es dar lo que no tenemos a alguien que no lo quiere". Si lo que tenemos es nada, si soy incapaz de contar siquiera con el minuto siguiente, entonces, quizá el amor sea la falta.
miércoles, septiembre 21, 2005
Después del viaje
Las velas rojas se apagan a las once. Hay un coro de grillos ausente, mientras voy subiendo con el humo del incienso. No hay lecturas, sólo presagios y centímetros de menos entre un cielo falso y la cama.
jueves, septiembre 15, 2005
Viaje
Estuve ausente. Hay una memoria debajo de mis guantes. La fría hiedra usa las manos como ramas. Es San Petesburgo. Otro momento evoca la pureza de un suelo que no poseo. Hay huellas de Levine y Kitty.
domingo, septiembre 04, 2005
Trazo nocturno
Rodchenko volvió con la cámara en el cuello. Me sorprendió dormida en la ventana. Todo el cielo estaba ahí, detrás de la persiana de la que huyo y me aferro. Cuánto tiempo más volverá a perderse. Quiero volverme el trazo indeleble.
martes, agosto 30, 2005
Colección de cosas etéreas
Volver a los viejos inventarios, de voces vetadas y vientos sublimes, que mueven mis alas invisibles y rotas. Pasos de vals en el reloj. Sigo confundiendo su ritmo interminable con la marea de los cuerpos en las lunas menguantes. Rescato el sueño que se intentó permanente, se suma entre costales de nubes apilados. Suficientes imagenes enmarcadas a destiempo.
domingo, agosto 28, 2005
Entre el geranio y las dudas
Luca me ha dicho que me extraña ¿y yo qué siento? Le ha contestado mi silencio. Recién cerré y no puedo despegar la espalda de la puerta. Quizá él también se quedó pensando del otro lado, con su espalda en contra de la mía y apoyando la cabeza. Luca me extraña, yo sólo lo recuerdo.
Muchas veces le dije a papá que lo extrañaba cuando se iba de viaje y solía llamarnos por las noches. Aprendí a decir “te extraño” por mamá, se lo decía todo el tiempo, yo empecé a repetirlo sin saber bien lo que era. Cuando papá regresaba, con risas y abrazos nos juraba lo mucho que había echado de menos la sopa caliente y la luz de la lámpara. Yo seguía confusa sin atreverme a expresar mis enredos.
Luego vinieron las cartas de Tiara después de haber venido a pasar un verano con nosotros. Siempre terminaba escribiéndome “te extraño”. Con cuatro años mas que yo, quizá ya comprendía mejor de sentimientos. Lo cierto es que tengo diecisiete y la frase me sigue causando profundas dudas. Si extrañar es recordar, o es la falta de algo, o la pérdida de lo que tuve.
Muchas veces le dije a papá que lo extrañaba cuando se iba de viaje y solía llamarnos por las noches. Aprendí a decir “te extraño” por mamá, se lo decía todo el tiempo, yo empecé a repetirlo sin saber bien lo que era. Cuando papá regresaba, con risas y abrazos nos juraba lo mucho que había echado de menos la sopa caliente y la luz de la lámpara. Yo seguía confusa sin atreverme a expresar mis enredos.
Luego vinieron las cartas de Tiara después de haber venido a pasar un verano con nosotros. Siempre terminaba escribiéndome “te extraño”. Con cuatro años mas que yo, quizá ya comprendía mejor de sentimientos. Lo cierto es que tengo diecisiete y la frase me sigue causando profundas dudas. Si extrañar es recordar, o es la falta de algo, o la pérdida de lo que tuve.
A mi me gusta la piel de Luca, con sus pecas en los hombros, incluso con las manchas de sol que le han salido en los brazos, pero no sé si quiera tenerlo conmigo todo el tiempo, pues cuando se va no siento nada y me dedico a los gatos y a quitar las hojas secas del geranio. Mientras mamá va siguiéndome del jardín a la cocina, sin dejar de redundar que es un buen chico. Yo sé bien, sí lo es; sin embargo, no sé lo que siento. Si me aprieta los labios con su boca, se instalan en mi cuerpo las estrellas, resbalan y buscan refugio en mi vientre. ¿Es eso amor? Cuando Luca viene siempre dice que me quiere, me acaricia la cara mientras me cuenta historias y me hace reír, a veces se revela ante mi trayéndome cigarrillos a escondidas de mamá y todo parece tan intenso, los días se iluminan y se me antoja abrazarlo y su piel se me figura la de las hojas de un geranio perfecto de terciopelo. Pero luego pienso en las llegadas de papá cuando vivía con nosotras y la sensación de saberlo feliz entre la sopa y la lámpara. Mi afecto hacia Luca se pierde, se lo lleva la corriente de mi propio desconcierto.
Quizá extrañar es como cuando deja de haber uvas en la estación y yo me muero de ganas por mojarme los labios con un jugo fresco de los que prepara mamá, puede haber de muchos otros jugos, pero yo deseo el de uva fresca. Luca puede venir con sus pecas y sus brazos a llenar con su piel todos mis atardeceres, quizá cuando ya no venga desee tanto humedecer mi boca con la suya que entonces por fin entienda lo que siento.
Sé que mamá volverá con su discurso y que tendré que escribirle a Tiara para que otra vez intente sacarme de las dudas. Papá no ha vuelto.
Quizá extrañar es como cuando deja de haber uvas en la estación y yo me muero de ganas por mojarme los labios con un jugo fresco de los que prepara mamá, puede haber de muchos otros jugos, pero yo deseo el de uva fresca. Luca puede venir con sus pecas y sus brazos a llenar con su piel todos mis atardeceres, quizá cuando ya no venga desee tanto humedecer mi boca con la suya que entonces por fin entienda lo que siento.
Sé que mamá volverá con su discurso y que tendré que escribirle a Tiara para que otra vez intente sacarme de las dudas. Papá no ha vuelto.
viernes, agosto 26, 2005
Andantes que cruzan por mis huellas
Por ahí caminan. Unos insistiendo en las verdades a medias. Otros permanecen inmutables, rocas que mi pasión abordó con fuerza. Playas secas que intenté llenar con mi locura. Cruzan los que se inventan la risa. Atrás las sombras simuladas. Pasos en falso sobre escaleras de niebla que conducen a alcobas prestadas. Y sin embargo laten, comen, están. Pobres solitarios en comuna, no saben que viven en desvelo, ni ellos se advierten. Tristes corazones hetéreos, nacidos sin piel.
martes, agosto 23, 2005
Cielo
Vera inhala las estrellas que le arrebató a la noche. No le parecen suficientes. Para desterrar la agonía de la vigilia incipiente, se deja seducir por las sólidas gotas que almacena en una caja. Odia el día. Mientras el sueño llega, cruza los brazos y se mece en la ventana, esperando otra vez que vuelva. Pero llega primero la inconciencia. Más fácil ocultar el rostro de la luz, menos doloroso que esperarlo. Él llama desde un teléfono público. Vera no contesta, muy a pesar de sus gritos silenciosos que imploran rescate. Por fin ha llamado y ella no puede levantar la bocina. La busca en el centro. Camina hasta su casa. El timbre no funciona. Intenta con las puertas y ventanas. Nadie responde. Piensa que no está, que se ha ido, como tantas veces lo advirtió. Se marcha maldiciendo sus pasos. Quiere voltear, regresar, tumbar la puerta. Duda. Odia preguntar a sus amigas. Cuáles amigas si Vera las dejo de ver desde hace tiempo. Sube hasta el departamento de una de ellas. La mujer se asoma con un gesto poco amable. Pregunta por Vera, la mujer maldice. No sabe ni quiere saber de ella, la involucró en un robo. Lo corre. Pero antes le entrega una llave, que haga con ella lo que quiera. Él baja la escalera en el terror de pensarla muerta. Vuelve a la casa. La llave corresponde a la puerta trasera, que da entrada a un cuarto oscuro de revelado. En la mesa fotos y videos que Vera pensaba entregarle. Él no los ve por ir de prisa a buscarla. Antes que termine de pronunciar su nombre ya tiene sus ojos en los suyos, los de ella están cerrados, tumbada en el sofá. Una caja vacía, un sueño pleno. Levanta su cuerpo frágil, tiene la ropa arrugada y llena de manchas. La saca pretendiendo llevarla al lago que está cerca del parque. Está seguro que despertará. Su rostro pálido por fin se enfrenta al sol que tanto repudiaba. Él sabe que si despierta en sus brazos frente al lago, no le importara que el sol la vea.
lunes, agosto 22, 2005
El espacio y el fragmento perdido
Cuando todo se apaga, sólo queda un retablo. ¿Has sentido encajar las estrellas en tu espalda? Cristal molido, en la madera oscura. Mi sensatez no soporta su belleza, recuesto la mitad de mí, la otra mitad cuelga hacia el vacío. Esplendores plata que hieren, me dejo llevar carente de caminos o guías. ¿Alguna vez te dolió la danza secreta de las cenizas de luna en el rostro? Su delgadez surca mi superficie. Sólo tengo esta noche, dejarla significa desprenderse de otra posible mañana de adviento. ¿Quién dijo que había planetas fascinantes? Lo interminable se trata de abismos y silencios. Libertad y condena en un metro y setenta.
sábado, agosto 20, 2005
11
ahora
en esta hora inocente
yo y la que fui nos sentamos
en el umbral de mi mirada
Alejandra Pizarnik (Poemas de "Arbol de Diana")
viernes, agosto 19, 2005
Encuentro
Daimon ambiguo y poco preciso. Eres el fantasma de las tardes, o la voluntad que habría de seguir cada vez que irrumpes. Tardío, si te hubiera descubierto entre las líneas mucho antes, ya tendría otro discurso preparado. Voltearía de cabeza tus letras para enfrentarte con un idioma nuevo. La realidad es que ahora apenas empiezo a conocerte.
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