Al menos en México, existen ciertos lugares desolados y perdidos en el olvido. No son precisamente callejones oscuros o sendas abandonadas. Son en la mayoría de las veces, lugares limpios y ordenados, silenciosos y tenues. Con aromas viejos a páginas amarillas, con historias húmedas de mar, o resecas narraciones de desierto. Con cuentos de planetas, crónicas de selva, abrumadores misterios, mitos y ballenas. A los que siempre se quisiera llegar pero nunca lo podemos hacer. Porque cuenta más el tiempo afuera, el sentido práctico, las obligaciones diarias. El "qué me va a quedar por ir ahí". Poco a poco desaparecen ante el olvido de gobiernos, falta de atención y presupuesto. Ausencia de personas que se den el tiempo. A dónde pararán en el espacio todos esos objetos tangibles que llevan sus historias adentro, con sus pastas duras y sus recuentos. A dónde ese inventario de secretos que sólo se saben al abrirse, como cajas mágicas de sueños. Quizá en un mar inventado por ellos mismos donde libros y bibliotecas naveguen hacia el fin del tiempo.
Blog de experiencias cotidianas. Te hablaré de libros, de cine, amor y desamor. Te hablaré de lo que hablamos todos.
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