Los domingos son como desiertos
Tengo suerte de tener una montaña
Si miro la ventana los domingos se borra cualquier trazo de horizonte
Todo grano aparente de textura
Un matiz gris y defectuoso
Me hace dudar del sol
El ladrido de mi perro pretende regresar la línea de la montaña
Pero no la veo
Será que tampoco estás.
Blog de experiencias cotidianas. Te hablaré de libros, de cine, amor y desamor. Te hablaré de lo que hablamos todos.
Entradas populares
-
El ir y venir de las olas en la orilla, mece los enigmas de mi mente. Lo complejo se desdibuja, como si los significados se ocultaran en un...
-
Nunca me había puesto a pensar en espejos negros. No es una metáfora, están en todas partes. La referencia me vino de una serie de televis...
-
En el cumpleaños de mi hija Una vuelta más al sol contigo rescatando mariposas acumulando dibujos haciendo llover la ris...
-
Ale, aquí tienes tus líneas exclusivas! Gracias por compartir las letras cotidianas y las de los Dioses.
-
Escribir en el verano sobre la luz intensa que vuelve desde el olvido. Los que se van inmersos en la efervescencia confundida en libertad. L...
-
Tanta lluvia no dejó algo bueno, al menos para mí. Creo que fue en esos días inundados cuando todo empezó a tramarse. Supongo que al no pasa...
-
Un brazo se extiende y alcanza un libro olvidado en el suelo del parque. Los dedos exploran la forma, luego la textura, subsisitida a la hum...
-
¿Puedes ver estas líneas? Escribo y no sé cómo escribir, es como si mi cabeza estuviera metida en un bote de cristal. Oigo resonancias alred...
-
La lluvia dibuja en la ventana cientos de inicios, cotidianas pausas, espacios limitados por los bordes. Busco en el laberinto el esplendor ...
-
Estuve ausente. Hay una memoria debajo de mis guantes. La fría hiedra usa las manos como ramas. Es San Petesburgo. Otro momento evoca la pur...
miércoles, enero 30, 2019
martes, enero 29, 2019
Amarse despacio
Amarse despacio
no es deshojar los calendarios
no midas cuanto tiempo te esperé
no cuentes los no que antes te dije
yo creo que el amor lleva su propio marco de memorias
su propio camino
con estrellas caídas convertidas en piedra
o encendidas, irradiando el fuego que penetra al corazón
deja en off el ruido de fondo
escuchemos el lenguaje de la luna
amarse despacio es llevar el corazón encendido por bandera
es una luz perseverante de perdón
es respetar la pausa
tomar las piedras
tirarlas al fantasma
si una voz te dice no es posible
o la soledad taladra tu centro
para hacerte perder el equilibrio
Amarse despacio
es levantarte y decir aquí estoy
abraza mi realidad
y yo te amaré con todo tu presente
no es deshojar los calendarios
no midas cuanto tiempo te esperé
no cuentes los no que antes te dije
yo creo que el amor lleva su propio marco de memorias
su propio camino
con estrellas caídas convertidas en piedra
o encendidas, irradiando el fuego que penetra al corazón
deja en off el ruido de fondo
escuchemos el lenguaje de la luna
amarse despacio es llevar el corazón encendido por bandera
es una luz perseverante de perdón
es respetar la pausa
tomar las piedras
tirarlas al fantasma
si una voz te dice no es posible
o la soledad taladra tu centro
para hacerte perder el equilibrio
Amarse despacio
es levantarte y decir aquí estoy
abraza mi realidad
y yo te amaré con todo tu presente
viernes, enero 18, 2019
Una mujer y una torre
Aquella mujer se enamoró de una torre.
Sus manos claras se perdieron entre muros.
Con vehemencia abrazaba su textura de arcilla, con anhelo su majestuosa belleza.
Descubrió en el apego, un lugar que habitar, al cual pertenecer.
Si mirar hacia arriba es admirar, lo demostró con su frente.
Y de su aliento se alimentó la cercanía.
De estar tan cerca nunca se alejó lo suficiente.
Debió admirarle también en la distancia, o probar cómo se sentía vivir lejos de ahí.
Debió tener una referencia de otras torres y conocer mejor la suya.
De la falta de distancia se formó una realidad distorsionada.
A unas decenas de metros, bajo un cielo claro, su torre estaba inclinada.
El suelo de donde emergía no era el adecuado, con los años fue evidente.
Una noche de trágica tormenta, se escuchó un estruendo.
La hermosa torre cayó.
La mujer enamorada se encontraba abajo, abrazando sus muros, empapada de lluvia, como si su protección evitará la inminente destrucción.
Cuando estuvo a punto de caer, la mujer por instinto tomó la decisión de correr y alejarse.
Corrió hasta donde mas pudo y hasta donde más la lluvia le pudo permitir.
Encontró un refugio en una abandonada casa, a cierta distancia de la torre.
Al amanecer visitó las ruinas, los muros que antes abrazaba hoy caídos.
Se sentó y lloró.
No se miró los pies heridos, ni sus manos curtidas, ni su cuerpo resfriado.
Su vista ahora se posaba en un viejo árbol.
jueves, enero 10, 2019
Suscribirse a:
Comentarios (Atom)